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Sábado a la mañana (por Marcelo Mariosa)

El sábado a la mañana, desde temprano, en todos los clubes, el futuro del rugby pulula por doquier y van y vienen enanos con la camiseta de nuestros clubes, riendo, corriendo, haciendo lio y sobre el verde césped están los mártires que soportan a nuestros hijos, que tratan de enseñarles la mística del juego, todo eso que no se puede leer y que se hereda y se transmite de generación en generación de manera oral.

Los sábados a la mañana están los cordones desatados, algunos mocos colgando, los pantaloncitos grandes, las marcas verdes de pasto ¨pintado¨ sobre la ropa, o las manchas de tierra o barro, las medias caídas, el pelo revuelto y esas caras de alegría que aún no saben todo lo que les va a regalar el juego. Los sábados a la mañana huelen a pasto recién cortado, quizá el perfume mas hermoso que se pueda oler. Los sábados a la mañana tienen esa magia del comienzo de todo.

Y nuestra historia, la de cada uno, empezó casi seguro algún sábado a la mañana, acompañado o no por algún mayor, pero seguro guiado por los próceres que son para nosotros aquellos que nos enseñaron esas primeras armas y nociones del juego que fueron luego la base de nuestra vida.

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